Universos
Algo del mío, un buen poco del nuestro, un toque del ajeno…Arrorró mi niña…
Arrorró mi niña, arrorró mi amor, arrorró pedazo de mi corazón…
¿Sabes? Nunca arrullé a mis hijos con esa canción, tan vieja como el mundo. Cuando no me funcionaban Freddy Mercury y Brian May, cambiaba el mood a Rod Stewart y pasaba de As Time Goes By a Bewitched and Bewildered, una y otra vez. A veces insertaba The Unchained Melody para una ligera variación, o una de mis canciones más queridas de todos los tiempos: I’ll Be Seeing You. Sin embargo, siento que a ti, amiga querida, tendría que cantarte el Arrorró.
Cuando una amiga sufre, se me dispara de inmediato el instinto maternal… y el otro. A veces pienso que mi madre tenía razón después de todo y que tengo tendencias “mesiánicas”… sí; a veces ¡es como si quisiera hacerme cargo del mundo! No sé lo que piensas tú, pero en el fondo yo creo que el instinto es exactamente el mismo, la diferencia es una simple cuestión numérica de alcance.
Cuando leí tu último post tuve el impulso de dejarte un comentario, pero preferí hacer algo más, escribirte una entrada. No fue tan mala la idea, puesto que el tuyo era de esos posts que aparecen y desaparecen. Ahora ya no está en tu blog; me imagino que regresará, eventualmente.
La imagen que acudió a mi mente mientras la leía fue la del príncipe Sidarta, cuando salió a caminar y por primera vez en su vida vio a un hombre enfermo, a un anciano y a un muerto… y no fue capaz de continuar viviendo de espaldas al sufrimiento humano. Comprendió que le sería completamente imposible ser feliz si no hacía algo al respecto de el dolor ajeno (que para seres como él, de ajeno no tiene nada…) Finalmente, encontró el camino y logró salir de la trampa, pero ¡ay! no era “el” camino… era sólo su camino. Muy pocos pudieron seguirle. Nuevamente, había fracasado. ¿Cuántas vidas más serían necesarias para que pudiera trazar una ruta segura hacia la libertad total, una que todos los hombres pudieran transitar?
A Francesco di Bernardone le pasó algo parecido cuando regresó de la guerra. Tuvo algún tipo de revelación y fue incapaz de volver a ser el mismo, el hijito de papi; no un príncipe, pero casi. Parte de su camino consistió en renunciar a todos sus bienes, divinizar la pobreza, como símbolo, y dedicarse a consolar las almas sufrientes y vivir de limosnas por el resto de su vida. No sabría decir si encontró o no la salida, creo que encontró unas cuantas verdades y bastante luz, pero por lo que he podido observar, la salida del laberinto no va por ahí.
Guardando las distancias con estos hombres santos, hace muchos, muchos años, una amiga mía se dio cuenta en la universidad de que existía la pobreza y su compañero inseparable, el sufrimiento. Cayó en el mismo shock. Su respuesta fue irse a vivir a un barrio marginado, para “compartir la suerte” de las personas a quienes a través de su profesión intentaría ayudar. Afortunadamente para ella, el impulso no duró más de un par de años. Desafortunadamente, nunca pudo ver que había sido un error y aunque he perdido el contacto con ella, sospecho que hasta el día de hoy considera que de algún modo traicionó a todas esas personas. No sé si esa fue la razón por la que decidió arruinar su vida, pero el caso es que finalmente lo hizo, y con una maestría espeluznante.
Es absolutamente cierto que cada quien escoge su camino. También es verdad que estamos (o “hemos sido puestos”, como quieras verlo) en una especie de laberinto. Y la mayoría de los caminos, como laberinto al fin, resultan ser callejones sin salida. Lo sé por experiencia propia y ajena. Aprecio demasiado la vida como para atreverme a decir que hay al menos un camino de salida…. Porque sé que a la salida de esta entrada me estaría esperando una turba enardecida, presta a lincharme. Pero no puedo dejar de eviarte, amiga querida, al menos un pequeño torpedito en las alas tiesas de un avioncito de papel. Sé que es algo que tú ya sabes, que con la presión del examen simplemente se te ha ido de la memoria. Así que tómalo apenas como una amarra en el dedo, para que te acuerdes….
En la historia humana ha habido grandes hombres y mujeres que han consagrado su vida entera a ayudar al prójimo –más o menos efectivamente– a ser un poco más feliz. Algunos, como los dos primeros ejemplos, han sido considerados santos. Otros, profetas o avatares. Algunos, revolucionarios; otros, libertadores. Unos cuantos, genios; otros, simples idiotas enajenados.
Para nada me interesa hacer un análisis histórico de estos personajes, mucho menos “psicológico” (¡Dios me libre de semejante aberración!). Apenas, hacerte notar un rasgo –elemental- que todos tenían en común al momento de realizar su contribución o contribuciones más importantes al logro de sus metas: se encontraban muy arriba en la escala de tono emocional. Mínimamente en interés fuerte (3.3). Mucho más probablemente, en entusiasmo (4.0), o en acción (20.0). Ninguna persona en miedo (1.0), tristeza (0.5) o más abajo puede lograr absolutamente nada positivo ni valioso, ni siquiera para sí misma, todo lo contrario.
Las personas como tú, querida, son un verdadero lujo para el mundo. No sólo son necesarias para que siga girando, sino imprescindibles. Está bien llorar de vez en cuando, ¡qué importa, no tiene nada de malo!… siempre y cuando sepamos que en ese instante nos hemos detenido, o quizá hemos comenzado a reptar en la dirección contraria….
Así que ya está bueno, pues, mijita. Ya, séquese esos ojitos tan lindos, suénese esos mocos, mire, aquí le he traído un rollo entero de confort… del extra-suave. Ya, pues, salga de ahí, venga para acá, dese un buen baño y luego péinese esa chasca, que parece una bruja desempleada. Póngase bien linda, como usted es, que tenemos mucho, pero muchisisísimo que hacer. Desempolve sus listas o haga otras nuevas y si quiere ayuda, grite, que para eso estamos. ¿Oyó?
855
El video es una hermosa recreación del comienzo. El título, la página que me arrancó hace unas horas las más sorpresivas y deliciosas carcajadas…. No lo pude evitar, fue demasiado inesperado.
Fue lo que menos habría podido esperar de este libro, tan juicioso, tan mesurado… Es como si el autor me hubiese estado preparando durante todas esas páginas, actuando para mí como un hombre extremadamente comedido, despistándome, distrayéndome con extensas y detalladas descripciones, con mil y un recursos literarios y hasta poéticos, en una demostración impresionante –pero encantadoramente discreta– del archiconocido verso Soy un hombre, nada humano me es ajeno. ¿Para qué? Nada más que para realizar, en esta página, una fantástica pirueta en el aire, sacar un pastel de crema de la manga, pegárselo en la cara al más circunspecto de los personajes y desaparecer con una gracia incomparable por el foro derecho, seguido de las risas y aplausos de toda la concurrencia.
Estoy, desde ese momento, encantada, fascinada, hechizada por completo. Tanto así, que en un arranque de inconsecuencia con uno de los principios más férreos que he sostenido durante décadas, decidí que tenía que haber imágenes de esta novela, una película o al menos fotos, ilustraciones, lo que fuera…. mis propias imágenes ya no me resultaban suficientes ¡quería más! Y así fue. Hay una película, en alemán, naturalmente; Der Zauberberg, pero qué importa. ¡Puedo entender todo lo que dice! Y no me importa que el héroe cinematográfico sea demasiado joven, excesivamente alto, o en el límite de la delicadeza aceptable para un hombre. No importa que otros personajes correpondan tan poco a la descripción original, como a mis propias creaciones mentales. La fascinación no hace más que seguir floreciendo, como la pradera azul de verano de Hans Castorp.
Premio a la falta de vergüenza
![]()
Ya me había olvidado de la tradición bloguera de los premios. Y me llegó éste, tan lindo y tan marino…. tengo tres premios y los tres vienen del mar ¡qué casualidad! para no tratarse de un blog acuático, sino más bien “astronómico”… :-) Bueno, el caso es que el culpable fue mi amigo el Chef. Parte del juego éste de los premios, según me he estado documentando, es que se supone que se multipliquen: el recibidor los otorga a otros bloggers. A algunos les gusta y a otros no, por lo que he podido ver. Hay de todo. En este caso, decidí hacerle honor al nombre del premio, con ciertas precauciones, claro está, tampoco se trata de ser temerario… Así que paso a dar cumplimiento a las reglas del “Premio Honestidad y Superación de la Vergüenza” otorgado con total falta de merecimiento (insisto) a este blog, pero recibido con gran honor.
Regla Uno: Reseñar brevemente el blog de origen.
El blog, en este caso de denominación de origen, es Oídococina!: Internet deconstruida de Monsieur le Grand Chef, no es, como su nombre lo indica, realmente un blog, sino un “restaurante gourmet de gran clase”. Su dueño, un sibarita de la Red nos deleita con exquisitos platos principalmente de cocina minimalista, con acentos de fusión y algunas especialidades étnicas, sin reparar en esfuerzos y desvelos para que todos sus comensales se sientan como miembros de la más rancia aristocracia y al mismo tiempo, en su propia casa. Tarea nada fácil, que el Chef desempeña con la soltura y el glamour que sólo proporciona la maestría del verdadero connaisseur.
Regla Dos: (Modificada). Confesar siete cosas honestas sobre uno mismo. (Originalmente, diez) Supongo que esta es la prueba final de la superación de la vergüenza). [Suspiro hondo] Ahí voy….
| He muerto por el teclado y por la boca más de una vez, como el pez. | Mi avatar no es, técnicamente hablando, un autoretrato. | Volví a fumar. | Tengo un secreto que sólo otra persona conoce y ninguno que no conozca nadie más. | Nunca he bajado películas, pero música sí. | En mi primera juventud, adoraba a Camilo Sesto, en mi niñez, a Raphael (Martos, no Sanzio). | No me gusta cocinar. |
Regla Tres: (Modificada). Otorgarlo a otros siete blogs que no lo hayan recibido ya. (Originalmente, diez) Mi selección de bloggers desvergonzados, en orden alfabético, es, pues:
Cristina & Iñaki: Juntos pero no revueltos. A Cris, por su transparencia casi etérea que no sólo la atraviesa, sino que atraviesa a sus amigos también, de cabo a rabo. A Iña, por ser, junto a Eduard y con su propio estilo, la desvergüenza personificada.
Eduard: Por su honestidad y desfachatez, como blogger y como amigo, y porque su segundo nombre es desvergüenza.
Fire: Por todo a lo que hasta ahora se ha atrevido a escribir y a publicar y por todo lo que falta….
Jusamawi: Porque hay que ser o muy honesto o muy desvergonzado para escribir sobre sí mismo lo que él escribe. En este caso, la duda no ofende, salva.
Karen: Por su honestidad sólo comparable a su carencia total de desvergüenza. Por callar, cuando tiene que hacerlo, en vez de mentir.
Marysol: Por abrir su vida y su corazón, como una flor, de par en par, a sus innumerables lectores y amigos.
Patricia: Porque sencillamente no se puede ser poeta sin una dosis considerable de desvergüenza y al mismo tiempo un mínimo, no tan mínimo, de honestidad. Y mi querida amiga es una poeta profesional.
Felicidades a los agraciados. Son ustedes, ladies and gentlemen, dueños y señores de sus premios.
Diario vi

Foto: Sin título, por oskarlin.
Hans Castorp ha aprendido a esquiar para experimentar la auténtica soledad de estar solo en medio de la nieve, como si su personaje se hallara en medio de una página en blanco… en medio de la nada. Casi llegando a la página 700, aún no hay señas de la amada y es razonable dudar que haga su entrada triunfal precedida de un portazo hasta que se aproxime la primavera, con algo de suerte dentro de unas 50 o 70 páginas…. A veces no resisto la tentación de leer el final de una novela, incluso antes de llegar a la mitad. Lo confieso. Es muy vergonzoso, pero lo he hecho incontables veces. En esta ocasión decidí, a plena conciencia, que sería diferente. Y ni siquiera he sentido el deseo, mucho menos la necesidad. No es que sea paciente a largo plazo, no lo soy a ninguno. Es simplemente una cuestión de respeto hacia esta obra en particular, hacia las vidas de sus habitantes.
…………………………………………….
Como se había anunciado oficialmente, el fin de semana pasado Karen y yo programamos un fin de semana cinematográfico. Funcionó en parte, con miles de interrupciones, pero no nos podemos quejar. La principal película que ella quería ver, de Antonio Banderas, no estaba disponible, así que sigue pendiente. Llevamos a los niños a ver Up y alquilamos Scent of a Woman, Master and Comander y Whatever Works.
Comienzo con los antecedentes. Up no tenía antecedentes. Era una actividad pro fondos de la promoción 2010 del colegio y teníamos que ir. Nos interesó Master and Comander por un cortísimo clip en una entrada de Cris. No la habíamos visto, aunque sí hemos visto y admirado otras películas de Peter Weir, el director. A mí no me gusta Crowe, a Karen sí, pero no con pasión (lo cual no me sorprende ya que el actor es cualquier cosa menos apasionante/apasionado). Karen quería ver nuevamente Scent of a Woman y me pareció una buena idea. Ambas consideramos que Al Pacino es Dios. Y Karen estaba particularmente interesada en ver (por vez número 347 o algo así) la escena de tango, pero en una resolución decente. Whatever Works, bueno… Karen insistió con su particular forma de insistir. A mí me gustaba mucho Woody Allen, puede decirse que era fanática de sus películas cuando él era joven (yo continúo siéndolo, naturalmente). Luego, no sé por qué, simplemente dejé de verlas. No me interesaban. No sé qué piensa Karen, nunca habíamos hablado de WA y de repente le entró esta urgencia por ver esa película.
Up me agarró completamente “fuera de base” como dicen por estos lados. Yo estaba toda desprevenida, muy metida en mi papel de mamá en ese momento y cuando vine a percatarme, a raíz del tema y, bueno, digamos que del tratamiento de los primeros 20 minutos, ahí estaba yo, llorando a mares, ¡¡¡con todo y sollozos atragantados!!!! en pleno cine y rodeada de niños de todas las edades a quienes se supone que los adultos damos ejemplo de entereza. Fue un total golpe bajo a los padres y abuelitos que acompañamos a nuestros retoños a pasar un buen rato con los ingenuos muñecos de Pixar. Luego, afortunadamente para mi “imagen corporativa” todo se volvió adecuadamente infantil y pude recuperar mi maltrecha dignidad de madre. Me acabo de dar cuenta que no la comenté con Karen, nos metimos en la dinámica de las palomitas de maíz y los helados y luego calabaza calabaza… así que no sé qué le pareció a ella.
Master and Comander nos gustó mucho. Casi llegó a gustarme Crowe. Pero como esto no debía suceder, estuve toda la noche tratando de encontrar otro actor que hubiera desempeñado mejor el papel del Capitán. Fracasé. Me enteré que era una película basada en una novela de toda una serie de aventuras marítimas del Capitán Aubrey y su amigo el naturalista (por quien Karen no dejó de suspirar cada 5 minutos, durante toda la película) que además era espía (???). Esa parte de su identidad parece que la pasé por alto, pues sólo me enteré al leer esta interesante reseña. Me gusta mucho este tipo de películas. Me fascinan las historias navales. No me pareció extraordinaria, pero sí extraordinariamente bien hecha, muy cuidada y llena de detalles. Me encantó la sencillez y realismo del guión en cuanto a la construcción de cada personaje. La combinación de imagen/diálogo, fue perfecta. Las fotografía, especialmente la de cada posible ángulo y detalle del barco, magnífica. La luz… Karen dice que ha visto pocas películas con un uso de la luz como esta, quedó muy impresionada con la iluminación, además de estarlo con Stephen, el cirujano-naturalista-agente secreto… e irlandés (???)
Scent of a Woman. Uuuuf! Como si la hubiera visto por primera vez. No sé qué pasó. Ni siquiera recordaba bien la trama. Bueno, después de todo ¡han pasado unos cuantos años! Fuera de la actuación antológica de Dios… precisamente se trataba del tema de ciertas recientes conversaciones sobre ética vs. moral, decisiones, correcto e incorrecto, encrucijadas, felicidad vs dolor… ¡qué casualidad! Una película extraordinaria. Una obra maestra. Las emociones…. los silencios, las expresiones…. Espeluznante. Lo mejor, la moraleja (o la “etiqueja”, más que moraleja): Bueno, me equivoqué…. ¿Y? Acuso recibo a la metida de pata ¡y sigo hacia donde iba! como en el tango….
Whatever Works, una vez superada la barrera monumental del idioma (tuvimos que decidir entre verla en inglés y sin subtítulos o no verla, tratándose de una película 90% compuesta de diálogos y monólogos) fue una super-experiencia y nos graduamos Karen y yo de inglés newyorkino. Deliciosa, inteligente, con apenas una pizca de cinismo más que el esperado y mucho menos que el soportable, light, desenfadada… encantadora por momentos. Boris, el clásico protagonista alleniano es muy parecido, en el fondo, al Coronel Slade de Scent of a Woman: insufrible, complicado, maldito, deprimente, patético, maldito, autoindulgente, autodestructivo, maldito ¿ya lo había dicho?, egocéntrico… y, aún así, adorable… por momentos. Después dicen que las mujeres somos complicadas…. Pues sí, ellos son así. Slade no se siente orgulloso de ello. Boris, con toda su alma. El final me pareció un poquito artificial, o quizá apresurado, pero perdonable por completo. Nadie podrá convencerme que Larry Davis (jamás lo había visto) estaba “actuando”. Nunca pensé que alguien que no fuera el propio Allen podría representar así un papel como ese. Impresionante de verdad. Magnífica película. Well done, Woody!
Por ejemplo, ésta
Integraciones
Después de todo te amaré
como si fuera siempre antes
como si de tanto esperar
sin que te viera ni llegaras
estuvieras eternamente
respirando cerca de mí.
Cerca de mí con tus costumbres
con tu color y tu guitarra
como están juntos los países
en las lecciones escolares
y dos comarcas se confunden
y hay un río cerca de un río
y dos volcanes crecen juntos.
Cerca de tí es cerca de mí
y lejos de todo es tu ausencia
y es color de arcilla la luna
en la noche del terremoto
cuando en el terror de la tierra
se juntan todas las raíces
y se oye sonar el silencio
con la música del espanto.
El miedo es también un camino.
Y entre sus piedras pavorosas
puede marchar con cuatro pies
y cuatro labios, la ternura.
Porque sin salir del presente
que es un anillo delicado
tocamos la arena de ayer
y en el mar enseña el amor
un arrebato repetido.
Pablo Neruda
El Corazón Amarillo
Hasta pronto, negra querida
Mercedes, para mí, te confundes en el tiempo y en el espacio con los recuerdos más cálidos de mi infancia y juventud. Mi padre encerrado en la sala escuchando poemas de Nicolás Guillén y haciendo la seña universal de silencio cuando me veía aproximarme; luego, cantándole a mi madre zambas de amor de Los Chalchaleros o poemas de Oscar Castro y ella sonriendo con sus ojos soñadoramente entrecerrados… más tarde, en los viajes de aventura por Centroamérica, con mis hermanas incluidas: Silvio, Pablo y tú. Tú y Silvio. Tú y Simone. Tú, sola, durante horas, días, semanas, meses, años… eras la favorita de mi madre y mi hermana, la segunda.
Para mucha gente, representas el ideal del compromiso político. Para mí, eres mucho más, eres alegría, eres protección, eres mi familia completa, unida por la admiración a tu voz, a tu canto inconfundible, eres la belleza de nuestro folklore compartido de las tierras del Sur, eres la tradición, eres las historias que contaremos a nuestros nietos….
La Cordillera no pudo detener algo como lo que tú creaste. Mucho menos podrá la muerte. Volverás, cantando al sol, como la cigarra. No sé si con tu voz, o con tu danza, o con un pincel, un violín o un procesador de palabras. Seguramente no te reconoceré. Pero tampoco lo hice cuando eras Mercedes, no supe reconocer quién habías sido…. Y no por eso dejo de alegrarme tanto de que hayas vivido y no por eso dejo de darte las gracias, desde lo más hondo, Cantora, Negra, Merceditas.
Welcome back!

Foto de base: Saint Michael Fountain, de Mr. Usaji.
Esta entrada debió haberse publicado ayer. Debí haberte deseado un feliz día, haberte dedicado la entrada y esperar que te gustara el diseño que hice con tu estatua parisina. Ya sabes que detesto los rituales en general y los católicos en particular. Las velas son imprescindibles en un apagón y me encantan para crear una atmósfera romántica y en los cumpleaños, pero jamás le prenderé una a un muerto, ni a un espíritu, ni a un santo, por más arcángel que sea. El incienso y los aceites….. bueno, muy de vez en cuando y jamás para “concentrarme”, ni “relajarme” ni ninguna cosa igual o más rara que esas. Adoro los perfumes, lo sabes, especialmente el de jazmín. Pero que nadie me hable de la aromaterapia…. ¡por favor! Aunque nunca hemos hablado sobre el tema, conociéndote, sé que estás de acuerdo con todo lo anterior y sé también que si aceptas ese tipo de ofrendas, es por tu exquisita caballerosidad librana y nada más. Así que te hice esta imagen, no sé si se le puede llamar retrato o cómo, pero es mi regalo de cumpleaños para ti.
Sabes que jamás cuestionaría el derecho que tienes a un día de descanso al año, nunca pondría en duda cuánto lo merece alguien como tú, que mantiene al Malo a buen recaudo los restantes 364 días. Pero además es una cuestión de tradición y para mí las tradiciones son –en general y mientras no sean perjudiciales– algo admirable y hermoso. El título que escogí para esta entrada se debe al alivio tan grande que siento de saber que estás de regreso en tu puesto. Porque este año, creo que por primera vez en décadas, el tipejo ése, el de las cortas y ridículas alitas de murciélago, el que dejaste suelto para irte de fiesta por 24 horas desde que se apagó el resonar de la duodécima campanada de medianoche del día 28, vino en línea recta hacia mí y se dedicó el día entero y parte de la noche a martirizarme. No te contaré las cosas horribles que me sucedieron porque no quiero revolver esa onda tan mala: ya es parte del pasado. Y aunque hubo toda clase de desatinos, desmanes, desaguisados, desacuerdos y desencuentros, con tu regreso las aguas han vuelto a su cauce con la suavidad de un suspiro.
Me siento tremendamente afortunada de contar contigo. Sabes que tú también cuentas conmigo para lo que sea. Espero que tu cumpleaños haya sido tan fabuloso y feliz como finalmente concluyó el mío.
El zumbador
He regresado a el Parque con regularidad luego de algunas semanas algo caóticas.
Ha llovido bastante, pareciera que el verde ya no sabe ni qué hacer consigo, dónde más situarse y ahora hasta lo he visto trepando por los troncos, oscuros de humedad. El rojo enciende las últimas pequeñas hogueras del año en los Flamboyanes, ya cansados de tanto florecer. Las caobas están cargadas de frutos en lo alto de sus copas; se han estado preparando desde hace dos meses, con un despliegue de brotes del verde más tierno que se pueda concebir en cada rama que se eleva a más de tres metros sobre el suelo. Los pericos y cotorras mantienen sus rápidas y bulliciosas apariciones con regularidad de reloj suizo, no así los carpinteros y cinzontes; últimamente, los he visto muy poco. Hace algunas semanas aparecieron los zumbadores…
Poco después de las nueve, el sol comienza con su impertinencia. En el momento en que me dispongo a atravesar uno de los pocos claros del Parque, destinado en parte a una de las áreas infantiles, capto un destello fugaz a mi izquierda. Miro y veo un zumbador, pequeñito, como todos los de su especie. Pienso, casi encogiéndome de hombros mentalmente Ah, un zumbador, qué casualidad… (esta avecilla minúscula había sido tema de conversación del día anterior con mi amiga Karen) y me dispongo a dar el siguiente paso, cuando noto algo inusual. Se ha suspendido en el aire, a un metro y medio de mí, y comienza a subir y bajar lentamente, un metro hacia arriba y uno y medio hacia abajo. No he visto a muchas de estas aves, no estoy al tanto de sus costumbres, pero consideré extraño que hiciera eso; así, en medio de la nada, sin una zumbadora a la vista, ni flores cercanas para libar…
En una de las subidas, se produce un contraluz muy especial y distingo las plumas rojizas de su cola. Lo reconozco, es uno de los que Karen me mostrara en la galería de su amigo fotógrafo de aves.
Ya él dispone de toda mi atención. Me doy media vuelta, en cámara lenta, para verlo mejor sin asustarlo. Él da inicio, entonces, a la danza más extraordinaria que yo pudiera imaginar. Finge que se ha ido, en dirección a los árboles del Norte, pero regresa suavemente, describiendo una curva graciosa y amplia. Sube, baja, vuelve a subir y entonces comienza a envolverme en círculos perfectos, lentamente, alejándose y acercándose cada vez más. Mi corazón se acelera. No entiendo bien lo que sucede, no sé lo que está haciendo ni por qué, pero no quiero que se termine. Admiro la gracia de su vuelo y su plumaje verde/dorado cada vez que atrapa un rayito de sol. En una de las vueltas, debo hacer un gran esfuerzo para no esquivarlo y quedarme muy quieta. Él, se acerca audazmente y pasa tan cerca de mi oreja que oigo claramente el zumbar de sus alas y logro ver en detalle, por un instante, las verdes plumas de su espalda. Una hermosa criatura, sin duda. El zumbador describe su vuelta final y se esfuma tan repentinamente como llegó.
No sé cómo explicar esto que me sucedió antes de ayer. Sólo sé que regresé a casa tarareando la canción que acompaña esta entrada. El audio no está tan fatal como el video, sin duda vale la pena escucharla.
